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miércoles, 6 de junio de 2012

Criaturas extrañas combaten el calentamiento global

En la entrada anterior comentabamos que la mar estaba cubierta de una masa gelatinosa, la cual no sabíamos muy bien de que se trataba, pues bien parece ser que son eso...criaturas extrañas que....



Criaturas transparentes parecidas a las medusas y conocidas como salpas, consideradas por muchos como miembros de menor categoría en la red alimenticia oceánica, pueden ser más importantes para el destino del gas de invernadero dióxido de carbono, que lo que se creía anteriormente.








En el número de mayo de la revista “Deep Sea Research” (Investigación del Mar Profundo), los científicos informar que las salpas, de un tamaño parecido a un pulgar humano, y que pululan por millones en los puntos calientes, podrían estar transportando toneladas de carbón al día desde la superficie del océano hasta las profundidades y evitando que regrese a la atmósfera. Las salpas son animales marinos semi-transparentes con forma de cañón de arma de fuego que se mueven a través del agua absorbiendo agua en el frente y propulsándola hacia fuera por su parte posterior, en una especie de propulsión a chorro. El agua pasa a través de una membrana mucosa que filtra todo el material comestible.



Los océanos absorben el exceso de dióxido de carbono de la atmósfera, parte del cual proviene de la quema de combustibles fósiles. En las aguas iluminadas por el Sol, unas diminutas plantas marinas llamadas colectivamente “fitoplancton” utilizan el dióxido de carbono para crecer. Luego, los animales consumen el fitoplancton e incorporan el carbono, pero la mayor parte del mismo se disuelve nuevamente en los océanos cuando los animales defecan o mueren. El carbono puede ser utilizado nuevamente por bacterias y plantas, o puede regresar a la atmósfera en forma de dióxido de carbono capturador de calor, cuando es consumido y respirado por los animales.



Los biólogos Laurence Madin del Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI = Woods Hole Oceanographic Institution) y Patricia Kremer de la Universidad de Connecticut y sus colegas han llevado a cabo expediciones veraniegas a la región meso-atlántica de Bight, entre el Cabo Hatteras y el Banco Georges en el Atlántico del Norte, desde 1975. Cada vez los investigadores encontraron que esa especie de salpa en particular, Salpa aspera, se multiplicaba en enormes cardúmenes que duraban meses.





Uno de esos cardúmenes cubría 100 000 kilómetros cuadrados (38 600 millas cuadradas) de la superficie marina. Los científicos estimaron que el cardumen consumió cada día hasta el 74 por ciento de las plantas microscópicas contenedoras de carbono de la superficie del agua, y sus heces transportaron hasta 4 000 toneladas de carbono al día hacia las aguas profundas.



Las salpas nadan, se alimentan, y producen desechos continuamente, dijo Madin. Absorben pequeñas cantidades de carbono y las convierten en grandes paquetes que se hunden rápidamente.


Una cadena de Salpa aspera.

Crédito: Larry Madin, Woods Hole Oceanographic Institution

En trabajos previos, Madin y el biólogo del WHOI Richard Harbison descubrieron que las bolitas fecales de las salpas se hunden hasta 1 000 metros ( 3 280 pies) por día. Los científicos demostraron también que cuando las salpas mueren, sus cuerpos también se hunden hasta 475 metros (1 575 pies) por día, más rápidamente que la mayoría de las heces. Si las salpas son realmente un callejón sin salida en la red alimenticia, y permanecen sin ser comidas en todo su camino hacia abajo, podrían entonces trasladar aún más carbono hacia las profundidades.

La Salpa aspera viaja grandes distancias hacia abajo con la luz del día, y vuelve a subir de noche en lo que se conoce como migración vertical. Madin, Kremer y sus colegas Peter Wiebe y Erich Horgan del WHOI y Jennifer Purcell y David Nemazie de la Universidad de Maryland descubrieron que las salpas permanecen a profundidades de entre 600 a 800 metros (1 970 a 2 625 pies) durante el día, y que vuelven a la superficie únicamente durante la noche.

En la superficie, dijo Madin, las salpas pueden alimentarse del fitoplancton. Es posible que naden hacia abajo durante el día para evitar a los depredadores o a la dañina luz solar. Y el nadar hacia arriba durante la noche les permite congregarse para reproducirse y multiplicarse rápidamente cuando la comida es abundante.




A causa de este comportamiento, las salpas liberan bolitas fecales en las aguas profundas, donde los animales los comen. Esto aumenta el transporte del carbono eliminándolo de la atmósfera



En 2004 y 2006, Madin y Kremer estudiaron cardúmenes de salpas en un eco-sistema diferente, el Océano Austral cerca de la Antártida. Algunos científicos han informado sobre mayores poblaciones de salpas durante los años cálidos, con menos hielo marino. Si se comprobara que esto es así, y si el clima de la Antártida se calienta, los cardúmenes de salpas podrían tener un mayor efecto sobre el fitoplancton y el carbono en el ecosistema del Océano Austral